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 | Ironman de ROTH. |
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Con solo decir esto ya nos imaginamos la dureza de la prueba a la que dos corebistas se enfrentaron en el mes de Julio. Combinar 3.800 m de natación con 180 kms en bici y terminar con una maratón,42,195m, es para cansarse antes de empezar, pero para Lucas y Paco ha sido la motivación para estar todo el año en la brecha. Muchos han sido los entrenamientos realizados, muchos los kms realizados y muchas las circunstancias adversas superadas, incluso la intención de alguna empresa de aviación de cobrarles más por las bicis que por los propios billetes suyos. Pero ni cortos ni perezosos nuestros valientes se situaron en la linea de salida y dieron cumplida cuenta de la prueba.
Solamente queremos deciros desde aquí: ¡¡¡ ENHORABUENA!!!
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Crónica de Lucas
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“Y ¿qué haré ahora que se que está a mi alcance, ahora que se que dentro de poco lo tendré en mis manos?. Pronto el Grial no será para mi más que lo que realmente es; un plato de piedras preciosas”.
“El rapto del Santo Grial” Paloma Díaz-Mas
Primero lo importante, que no puede ser otra cosa que agradecer a todos los compañeros de Corebo los mensajes de ánimo y apoyo que tanto Paco como yo hemos recibido, muchas gracias a todos por vuestro aliento que a partes iguales nos motivaba tanto como nos llenaba de responsabilidad, ya que lo último que deseábamos era fallaros y también de orgullo al saber que tanta gente estaba pendiente de nosotros. De algún modo el pasado 13 de julio todos fuimos Lucas y Paco y nosotros más que nunca fuimos Corebo. Todos estuvimos allí, todos participamos y todos fuimos capaces de ponerle un final feliz a esta locura. Gracias.
Han pasado un par de meses y Roth ya no es más que un recuerdo, una carrera más terminada, quedan por supuesto muchas anécdotas, sufrimientos, alegrías, penurias, dolores mitigados por la esperanza de terminar, vividas el día de la competición, pero sobre todo queda la determinación y la constancia de haber decidido en un chispazo de locura embarcarnos en una aventura semejante, de la cual no eres consciente, ni por asomo, de lo largo y duro que es el camino (si antes de apuntarme alguien me hubiese advertido de esta circunstancia me habría inscrito igual). Esta determinación y esta constancia es lo que realmente queda; la ilusión y la motivación de perseguir un proyecto por duro que parezca, por lejano que este, es lo que te hace fuerte, es lo que te hace creer en ti, es lo que te da confianza, seguridad y respeto hacia ti mismo por saber que fuiste capaz, que lo hiciste, que un día te comprometiste y que cumpliste. No sé si prepararé otro ironman o no, pero ahora sé que soy capaz de hacerlo.
De los nueve meses de preparación no os voy a contar mucho por que lo sabéis casi todo, ya que los hemos vivido juntos, pero del día de la carrera sí; ahí va el relato de un corebo que humildemente pasó por allí: Imagínate el peor día que se te pueda ocurrir para correr un ironman. Ese fue el día que nos hizo. Lluvia, aire, frío,...Con este panorama climatológico las expectativas no eran buenas y como si fuera un presagio de mala suerte, cuando a las 6 de la mañana me dispongo a colocar el material en el box el primer mal trago del día: ¡el chip no aparece! Revuelvo la mochila 50 veces, me hurgo en cada uno de los bolsillos del chándal, del forro, del chubasquero otras 100 veces y nada no lo encuentro, el mundo se me viene encima, no puede ser, después de llegar hasta aquí, después de tener a mi mujer y a mi hijo mojándose en la grada es imposible, me viene a la cabeza el pensamiento de que me descalifiquen antes de empezar y se me saltan las lágrimas, que por perder el chip no me dejen correr no entraba en mis planes. Sigo revolviendo cada vez más nervioso y nada, gracias a Paco me tranquilizo un poco y al final el cabrón aparece dentro de una zapatilla. Me lo pongo IPSO FACTO y respiro aliviado. Después del disgusto tengo que ir al servicio, 25 o 30 cabinas colocadas en fila con 3 ó 4 tíos de media haciendo fila tras cada una de ellas hacen de improvisados wc. Elegimos una al azar y hacemos cola para pasar, la primera vez no fue del todo mal, un poco asqueroso pero pasable, como en cualquier otra carrera. La segunda y última vez supuso el segundo mal momento del día. Pálido salgo de la cabina y me alejo lo más posible, al tiempo que miro con pena al compañero que osado ocupó la cabina detrás de mi.
Finalmente tras una larga, húmeda y pesada espera nos echamos al agua, por suerte no está fría pero debemos permanecer en ella unos 5 minutos, flotando, hasta escuchar el pistoletazo de salida. Salimos como motos (de agua) y lo típico, ostia va, ostia viene, hasta que cada uno encuentra su sitio. Tras 1hora y 18 minutos y un par de excursiones fuera de la trazada ideal con aviso del piragüista incluido, salgo del agua. La sensación es agridulce porque aunque termino fenomenal, un ronroneo incomodo le dice a mi estomago que le eche algo y que lo haga rápido. Me preocupo un poco ya que afrontar una prueba tan larga con hambre no es ni mucho menos aconsejable. Cojo mi bolsa y entro en la carpa. La visión es espectacular: una especie de neblina húmeda y caliente domina el espacio y de entre la penumbra asoman un montón de cuerpos semidesnudos rezumando vapor e intentando dominar un neopreno o un culote empapado. Un breve intercambio de impresiones con Paco y salgo a por la bici, de camino rapiño en el avituallamiento un plátano y una barrita. Sigue lloviendo, circunstancia que me hace comenzar el tramo ciclista con bastante precaución. La cabeza me aconseja que vaya despacio pero mis piernas no hacen ni puto caso y con calzada mojada y todo completo la primera vuelta al circuito en 3 horas justas. El recorrido no es tan llano como anuncian, un autentico rompepiernas y los dos repechos más duros, son dos señoras cuestas. Un fuerte dolor en los lumbares consigue que la segunda vuelta no sea tan rápida, la pertinaz lluvia golpeando mi espalda y los ángulos de la bici son los culpables. 6 horas y 39’ minutos es la consecuencia de haber ido “torre” (to’reventaó) 90 Km. La prueba se hace larga y me distraigo leyendo en los dorsales el nombre y la nacionalidad de los triatletas que me adelantan o de los pocos a los que sobrepaso, uno de ellos un español al que le cayó una bronca monumental. Al tipo, hambriento y con el ácido láctico congestionándole el cerebro, no se como se le precipita al suelo, desde el bolsillo trasero del maillot, un bocata de chorizo del tamaño de una zapatilla del 43. El frenazo para recuperar el bocata del suelo es inminente y los “volantazos” para esquivar bocata y sujeto de los que vamos detrás, también. Tales maniobras con el piso mojado cabrean al personal.
Haz sonar una carraca de madera relativamente cerca de tu oreja, comprobarás que suena bastante. Ahora imagina 200 carracas sonando en tu oreja durante un repecho duro de 2 Km. ¿Anima verdad?, si anima pero jode.
La segunda transición es digna de relatar y sin duda motivo de futuras participaciones. Te apeas de la bicicleta y dos voluntarios te recogen la burra, inmediatamente otro voluntario te hace entrega de tu bolsa con la ropa de correr al tiempo que te indica el lugar donde debes cambiarte. Hasta aquí todo normal, pero he aquí lo realmente reseñable: te deslizas al interior de una gran carpa blanca donde un sinfín de bellas y voluntariosas alemanas te desnudan sin pudor, ellas por que tu si lo tienes, para a continuación vestirte de nuevo y desearte buen viaje. Obnubilado por tal suceso sales a la intemperie sin importante un pedo las más de 4 horas que aún te quedan de zapateo.
Sale el sol, ves a la familia, la gente te anima y todo parece sencillo pero llevas 8 horas de competición a tus espaldas y aun te queda un maratón. Los primeros kilómetros son rápidos pero sabes que no te puedes cebar y poco a poco buscas tu ritmo, con la esperanza de que cuando lo encuentres no sea demasiado tarde. Los avituallamientos son inmejorables en cantidad, calidad y distancia entre si y esta circunstancia te hace sobrellevar la carrera con bastante entereza. Vuelve la lluvia, incesante, fría por momentos con bastante fuerza y cada gota que te cae mina tu cuerpo, tus piernas, pero no tu cabeza que solo piensa en terminar. Durante el recorrido me cruzo con Paco en dos ocasiones y compruebo que más o menos conservamos la distancia por lo que intuyo que va tan jodido como yo. Para el kilómetro 30 el dolor de cuadriceps y sobre todo de pies es impresionante, en el 35 acojonante y en el 40 que te cagas. Desde aquí hasta meta, ya seguro de terminar, pasan por mi cabeza un montón de recuerdos; la cantidad de tiempo dedicado y las cosas que por ello has dejado, los sacrificios realizados, los cabreos por saltarte un entrenamiento, los baches superados,...y una sensación de euforia se apodera de mi, ya no me duele nada y corro los últimos 1.192 metros en 4 minutos. Cuatro minutos que invierto en pensar en como voy a celebrar mi entrada en meta, aunque se desde hace meses que sólo quiero hacer una cosa: abrazar a mi hijo, coger a mi mujer y cruzar la cinta compartiendo el momento con ellos, porque han sido ellos los que han sufrido el entrenamiento conmigo, los que me han aguantado y los que sin reconocimiento han disputado otro ironman tan duro como el mío o más. La euforia da paso a la emoción y el derrumbe está casi más cerca que la meta. Por fin, al pie de la cuneta ya sobre la alfombra veo a Raúl, apenas sin detenerme le engancho y con el vello de punta enfilamos los últimos 100 m. Sonia también me acompaña. Se acabó, hemos cruzado la meta y ya no hay excusa para no apoyarte en cualquier pared, taparte la cara y llorar tranquilamente expulsando toda la emoción e incertidumbre que durante casi un año has ido acumulando.
Jesús (Salu2) me dijo una vez que te haces ironman mientras te preparas para el gran día, es verdad, pero hoy puedo decir que además soy finisher.
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Aranjuez 2008. Tres Cantos 08.
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