Aranjuez abre las tradicionales citas ineludibles de estos días. Aranjuez nos invita a dejar atrás la gran ciudad y trasladarnos en el tiempo a otra época de palacios y reyes, de paz y descanso, de cortesanos y plebeyos, ¡qué bello!.
Y una vez más hasta allí llegamos los Corebos, junto a otros 3.000 corredores venidos cual guerreros a los valles de la Tierra Media, ya sean hombres, elfos, hobbits… a cumplir como caballeros (los más osados), damas en peligro (de extinción), escuderos o lazarillos (acompañantes cubriendo la retaguardia).
Aranjuez es un placer en todos los sentidos: Te alegran la vista los colores ocres, pardos, amarillos de la hoja caduca, los destellos del sol asomando entre los árboles, los reflejos en el agua del río, los brillos que despiden los chorros de las fuentes, el señorío que presiden los palacios; las estatuas, testigos silenciosos de nuestra marcha. La marea de nuestros uniformes verdes se dejó ver entre el desfile multicolor de camisetas y demás prendas…
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