 |
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 | Ironman de Karnten 2010. |
|
|
|
|
Ya estamos de vuelta de vivir una experiencia increíble, no muy grata en lo deportivo pero inolvidable en lo personal. He sentido donde reside el límite, hasta dónde se puede sufrir, lo que significa para mí mi familia, en fin me he sentido IRONMAN.
Domingo. 4'30 y en pie. Itzíar y las niñas me acompañan hasta que mis pies rozan el agua. Me aportan una tranquilidad que no esperaba en estos momentos. Me rodean 2700 miradas tensas escondidas bajo las gafas. Frente a nosotros el Worther See, 25km de aguas quietas que en breve se retuercen agitadas por la picadura de miles de negros aguijones. En una salida así se da, se recibe, se pasa por encima y por debajo de mucha gente. Voy a gusto, casi agradecido por poder nadar en este hermosísimo entorno. 1500m y giro, 500 más y otros 1000 para enfilar los 800m en el canal de 6-8metros de ancho donde la gente te sigue, te grita, te busca, casi te toca. Poco después de pasar bajo el puente que he disfrutado en decenas de fotos y videos de esta prueba, me encuentro con mi familia que saltan y agitan las banderas. Cojo la bolsa y a disfrazarse de ciclista Corebo. 8' para empezar con dos vueltas de 90km. Los 20 primeros y los 10 últimos son favorables, el resto un constante subir y bajar dónde te retuerces sobre la bici o vuelas. Un recorrido rápido que no llano, 1800 metros de desnivel en un entorno único donde te puedes destrozar las piernas. Primera vuelta controlando y aun así más de 29 de media. Hasta aquí lo bueno del Ironman. El tendón de Aquiles derecho comienza a resentirse. Al quitarme el neopreno saltaron las tiras azules de la fisio. No arriesgo la maratón y como no me duele de pie, cuando se sube lo hago levantado y cuando se baja no pedaleo. En esta vuelta descarga lleno de rabia el cielo que baja la temperatura de golpe y despierta a Eolo y me imagino a las lenticulares volando ladera a bajo. Llego a meta por un estrecho camino y a correr. El tendón aguanta perfectamente y las piernas no están demasiado "abatidas" para lo que llevamos en la mochila, aunque llevo tiempo sintiendo una opresión en el estómago. Hace muchísimo calor para dar dos vueltas a un ocho con un primer bucle donde no hay dónde esconderse. El segundo pasa por el centro de Klagenfurt y rodea al dragón, símbolo de la ciudad. La gente anima, super, viva España, bravo Franchesco. Pero a los 12km no puedo más. El malestar de estómago es un dolor que no me deja avanzar. Me siento enfermo y no puedo beber ni comer nada sin vomitar. Se le une el calor y un mareo que cuando paro a mear me obliga a sujetarme a un poste para no caer. En este punto me planteo retirarme. No se como completo los km del 20 al 30. Lo único bueno es que me encuentro igual de mal corriendo que andando. Cuando pasa por tercera vez junto a Itzíar ya no puedo engañarla. Le digo que no se si podré terminar. Llorando me asegura que entraremos juntos en meta. Todo cambia. De aquí no salimos por tesón, ni por sacrificio, ni por cojones, de aquí salimos por las lágrimas de mi mujer, por la promesa de mi hija, porque venimos de muy lejos y ya están muy desgastadas las zapatillas como para dejarlo ahora. El mareo se me pasa a la sombra de los edificios y terrazas abarrotadas de gente de estos últimos km y soy más consciente de todo. Los españoles que nos cruzamos, muchos de ellos vomitando el ironman en las cunetas nos animamos, algunos con verdaderas arengas espartanas. Pasa el 38, 39, 40. En el 41 tengo una sorpresa. Mi hija me espera con la bandera de España de capa para ayudarme, para acompañarme el último km. La gente enloquece al vernos correr cogidos de la mano. Super, bravo. A falta de 150m Itzíar y Daniela se nos unen. Pasamos el primer arco, las gradas atestadas de gente gritando no menos de lo que gritaron al primero hace horas. Y cruzamos la línea, la que he visto tan lejos, casi ni deseada en muchos momentos. Sólo quiero sentarme, recoger mi camiseta, abrazar a mi familia, agradecerles que estén a mi lado en estos instantes y vomitar tranquilo. Ahora sólo toca descansar, digerir esto y pensar si merece la pena tanto sufrimiento. Nueve días después creo saber ya la respuesta.
|
|
|
|
|
San Silvestre Corebista 2009. Alcorcón 2010.
|
|
Versión imprimible
|
|
 |
 |
 |
 |
|
 |